+Compartir: 
Estudio de paisajismo Daniel Valera Dstudio

Jardín en Majadahonda (Madrid)

Proyecto de paisajismo de un jardín privado en Majadajonda (Madrid). - 2017

Enfrentarse a una remodelación de un jardín siempre entraña una componente de respeto hacia la arquitectura y el espacio existente. El estudio del diseño arquitectónico previo a nuestra actuación nos da las premisas que debemos seguir para crear un nuevo espacio de diseño actualizado, funcional y sobre todo, respetuoso con la historia del espacio.

La arquitectura databa de los años 70. Se trataba sin duda de un gran proyecto, un diseño arquitectónico muy avanzado a su época y que había envejecido relativamente bien para los 50 años que pronto cumpliría. La piel de ladrillo se prolongaba hacia el jardín en forma de pasillos, jardineras y un elemento escultórico en forma de arco que atravesaba la pradera de césped original. Nuestro proyecto, tras analizar con cuidado el estado inicial de la construcción, optó por proponer una restauración fiel de los elementos deteriorados, restableciendo las zonas duras tal y como fueron concebidas en inicio por el arquitecto pero incorporando algunas mejoras para aumentar la funcionalidad de los espacios como el acceso a la piscina y la instalación de una nueva cubierta infantil retráctil, el cambio de cerámicas de mejor calidad o la restauración de todas las luminarias existentes en el proyecto incorporando tecnología LED a cada una de ellas.

Nuestro proyecto optó también por readaptar la funcionalidad de los distintos espacios al tipo de uso que se le da al jardín en la actualidad. Para ellos se crearon accesos y zonas de descanso nuevas y se propuso un proyecto de iluminación adaptado a las nuevas necesidades del cliente. Algunas de las zonas diseñadas en el jardín fueron un comedor exterior de verano, un jardín de sombra con variedades de hortensia (Hydrangea quercifolia), liriopes (Liriope muscari), aralia (Aralia japonica) y boj (Buxus sempervirens), así como la incorporación de distintos elementos escultórico de los que hablaremos más adelante.

En cuanto a las zonas ajardinadas, nuestro proyecto de paisajismo tenía como meta rebajar el mantenimiento del jardín y reducir el consumo de agua. Para ello se optó por reducir la superficie de pradera de césped en aquellas zonas donde no era estrictamente necesario, transformando el acceso en un jardín seco incluyendo especies de sombra como el Acer palmatum, que nos aporta gran belleza al acceso a lo largo de todas las estaciones. Para este jardín de grava se mantuvieron además algunos ejemplares existentes de arbolado como un olivo (Olea europaea), un aligustre (Ligustrum vulgare) y algunos magnolios (Magnolia grandiflora). El resto de la superficie de pradera del jardín se delimitó mediante elementos metálicos para identificar las zonas de césped, haciendo el mantenimiento más sencillo para los jardineros y ordenando en gran medida los espacios.

El uso de estos elementos metálicos nos sirvió además para lograr un vínculo entre el jardín y la vivienda. Aprovechando el carácter escultórico de algunas partes de la arquitectura, se incorporó al proyecto una escultura concebida en exclusiva para este espacio. El acero nos servía, tal y como hemos comentado, como un material de transición. Un material concebido para envejecer y evolucionar al igual que hacen los jardines.

La inspiración de esta pieza viene dada como en otras ocasiones por el espacio donde se va a establecer y los volúmenes arquitectónicos de los que va a depender visualmente. Aprovechando una arcada en ladrillo envejecido, la pieza se encuadra creando un punto de fuga desde el nuevo comedor de verano, aprovechando la perspectiva creada mediante un pasillo longitudinal de césped que potenciaba la expresión de la escultura.

La pieza retrata la interacción de dos volúmenes con su entorno. Las dimensiones de cada volumen son 0,7 x 0,2 x 1,4m de altura y 0,7 x 1,5 x 0,7m de altura , y se encuentran acotadas en este caso por una base de 2m x 3m que la enmarca bajo el arco de la misma anchura creado por el arquitecto en los años 70. A lo largo del jardín encontramos además otra zona escultórica que dialoga con la primera. En esta ocasión dos elementos metálicos enterrados generar dos vacíos de dimensiones 2m x 3m respectivamente, concebidos al igual que en el primer elemento, con una base de piedra en lajas en colores terrizos, que vinculan de nuevo el jardín con la arquitectura.  En ambos casos el proyecto de iluminación cobraba una especial relevancia. En la primera pieza, la luz enfatiza los volúmenes al caer a noche. En la segunda zona escultórica, los vacíos retroiluminados hacen sangrar las heridas producidas al terreno por el vaciado, al reflejar la luz cálida en una superficie oxidada.

Daniel Valera