Una reinterpretación del jardín inglés
Date
2026-2027
Location
Madrid (España)
Type
Residential
Trees
20
Area
2.000 m2
Status
Concept
Ubicado en Somosaguas (Madrid), este proyecto parte de una vivienda de los años sesenta de gran coherencia arquitectónica, resuelta en una sola planta y profundamente vinculada al terreno. El estudio de la documentación original permitió recuperar decisiones no ejecutadas y comprender la lógica espacial con la que fue concebida la casa. A partir de esa lectura, el jardín se plantea como una reinterpretación contemporánea del paisaje romántico inglés: un espacio donde el recorrido, la topografía y la materia construyen una atmósfera serena y atemporal.
La llegada a la casa se produce a través de un camino de árido compactado que sustituye deliberadamente al asfalto. Esta decisión no es estética únicamente: responde a una voluntad de permeabilidad, de respeto por el sistema radicular existente y de coherencia con el carácter del proyecto. Como en el jardín paisajista inglés, el acceso no impone una línea dura, sino que acompaña el terreno. a
El recorrido desemboca en la fachada principal, donde se diseña una rotonda con una fuente de granito. El agua aparece como pieza central, contenida en una geometría clara y construida con la misma lógica material que el resto del jardín: bloques macizos, piedra tallada, elementos que parecen haber sido colocados allí desde siempre.
Uno de los gestos fundamentales del proyecto fue la reducción significativa de la superficie de césped. No solo por criterios de sostenibilidad y mantenimiento —principios constantes en nuestro trabajo— sino por coherencia conceptual. El jardín se aleja del tapiz uniforme y apuesta por una lectura más dinámica y estructural del paisaje.
La idea de decadencia romántica —no como abandono, sino como atmósfera— se introduce a través de la vegetación. El jardín se estructura principalmente con gramíneas y especies mediterráneas, que aportan ligereza, vibración y una estética cambiante a lo largo del año. Las texturas secas, los movimientos con el viento y los tonos estacionales construyen esa sensación de tiempo en tránsito.
EL JARDÍN COMO CAPA TEMPORAL
El proyecto parte de una premisa clara: no imponerse sobre la arquitectura, sino dialogar con ella. La vivienda, construida en los años sesenta, posee una coherencia y una serenidad propias de su tiempo. Intervenir en su entorno exigía, por tanto, una actitud de respeto y escucha.
El estudio de los planos originales reveló decisiones que nunca llegaron a ejecutarse —una cubierta verde sobre el garaje, determinadas áreas exteriores previstas pero no construidas— y que hoy reaparecen como oportunidades para completar el relato del lugar. Más que añadir, el proyecto busca recuperar y reinterpretar.
El jardín se entiende así como una capa temporal: una intervención contemporánea que no pretende borrar lo anterior, sino sumarse a ello. No compite con la casa ni la eclipsa; la acompaña. Se trabaja desde la idea del paso del tiempo, de la materia que envejece con dignidad, de la construcción que parece haber estado siempre allí.

La piedra se convierte en el lenguaje principal. Granito tallado, bloques macizos, piezas que funcionan a la vez como contención, banco o elemento escultórico. Algunas superficies se trabajan con precisión casi arqueológica; otras se disponen como fragmentos, como si fueran restos de una estructura anterior. No se trata de fabricar nostalgia, sino de sugerir memoria.
La piscina y las nuevas áreas de estancia se integran desde esa misma lógica: geometrías claras, materiales honestos y una presencia contenida que no altera la lectura original del conjunto. El resultado no es una recreación histórica ni un gesto contemporáneo estridente, sino una continuidad.
El jardín no busca parecer antiguo. Busca parecer inevitable.
SOBRE WILLIAM KENT
William Kent (1685–1748) fue uno de los grandes impulsores del jardín paisajista inglés del siglo XVIII. Arquitecto, pintor y escenógrafo antes que jardinero, entendía el paisaje como una composición artística, casi teatral, donde arquitectura y naturaleza dialogaban en una misma escena.
Frente al rigor geométrico del jardín formal barroco, Kent introdujo una nueva sensibilidad: recorridos más libres, perspectivas cuidadosamente construidas y la incorporación deliberada de elementos arquitectónicos dentro del paisaje. Templos clásicos, puentes, pórticos o ruinas no eran simples adornos, sino dispositivos narrativos. El jardín dejaba de ser un espacio ordenado para convertirse en una experiencia emocional.
![]() | En lugares como Stowe o Rousham, Kent trabajó el concepto de la follie —esas arquitecturas aparentemente antiguas o incompletas— como parte esencial del relato del jardín. La ruina no era un vestigio accidental, sino una construcción consciente que evocaba memoria, tiempo y permanencia. El paisaje se concebía como una pintura en tres dimensiones, donde cada elemento contribuía a una atmósfera. Su trabajo sentó las bases del llamado “jardín inglés”, influyendo decisivamente en generaciones posteriores de paisajistas. Más que diseñar parterres o plantar árboles, Kent introdujo una idea: que el jardín podía ser una escenografía del tiempo. |
Oil on canvas from William Aikman (1682 - 1731)
